El secreto

La otra noche, a la hora de los postres, una amiga contó cómo había descubierto el secreto. Todas recordábamos ese momento con claridad. Algunas historias eran realmente divertidas, como aquel padre que, ante la pregunta desesperada de su hija, había respondido, “pues claro, niña” con resignación y casi con alivio, sin tratar de disimular. Otro padre, ante la misma pregunta, lo había negado todo tranquilizando a mi amiga, que no había podido evitar quedarse con la mosca detrás de la oreja. Por último, una madre más pragmática le había explicado la verdad a su hija, pero le había pedido que no dijera nada a nadie, explicándole el porqué de mantener el secreto.

Había habido traidores de todo tipo: primos, hermanos mayores, compañeros de clase. Una de nosotras había reconocido haber sido una de esas traidoras, lo que le había merecido una mirada de reproche por parte del resto.

Yo también recuerdo ese día. Una niña de otra clase se me había acercado cuando salíamos al recreo. La niña no se había andado con tonterías: “Tú sabes que los Reyes son los padres, ¿verdad?” me había espetado, y yo había respondido “pues claro” sin alterar la cara de poker que siempre me acompaña para disimular mi ignorancia.

Satisfecha con mi respuesta, se había girado y se había acercado a otra niño, dispuesta a seguir revelando el secreto, mientras yo clavaba en su espalda una mirada de odio.

Espero que haya recibido su merecido.

 

alcala-de-henares

                      En la foto, tres Reyes Magos de los de verdad.

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